Con Henry Ford a la cabeza de la fábrica se construyeron dos automóviles, el R y el S, dos modelos predecesores del Ford T, un clásico. Bajo la dirección del mismo Henry en 1908 tuvo lugar la creación más trascendente de la historia del automóvil, el Ford T. Su gran popularidad lo llevó a ubicar un lugar significativo en la vida de las personas, lo cual le trajo aparejado el contacto fluido con proveedores, concesionarios y los sitios de asistencia mecánica. Esta red creada fue el inicio de lo que en 1913 se convirtió en la primera línea de montaje de automóviles. Este hecho cambió para siempre la historia de la producción automotriz, y de la industria en general. Con la cadena de montaje se inicia la producción en serie, de manera que se optimizan los tiempos, los costos y por lo tanto el acceso de muchas personas a su primer automóvil.



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